martes, 15 de marzo de 2022

 Rimbob

"El mercader de la muerte ha muerto" Un título de obituario en las páginas necrológicas de un diario francés, dinamitó en 1888 la conciencia de Alfred Bernhard Nobel. Era un error, moriría ocho años más tarde. Nobel, que había labrado su fortuna amaestrando la nitroglicerina y con rentables bramidos de cañón, impresionado por el titular, reflexionó, desconcertado, sobre cómo quería que se le recordase en el futuro. Un año antes de su fallecimiento real, cambió por última vez su testamento y en el dejaba escrito definitivamente que su colosal fortuna se emplease en crear unos premios que distinguieran a “personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones, descubrimientos o contribuciones notables a la humanidad" en los campos de la química, la física, la medicina, la literatura y la paz.

Robert Allen Zimmerman eligió como nombre artístico Bob Dylan en homenaje a Dylan Thomas, poeta y escritor de cuentos gales que, perfumado de bourbon Jack Daniel´s, delirando amor, se tiró del mundo a las vías de un tren en New York, después de regalarle uno de sus poemarios a una joven que esperaba a su lado en el andén. Relámpago en una botella  Simbolismos… Rimbaud…“You’re gonna make me lonesome when you go”“ Blood on the tracks” Bob Dylan: “es como si un fantasma me hubiera elegido a mí para escribir sus canciones”.

La poética ha dejado de ser un patrimonio exclusivo de escritores, a los augustos santones la propiedad de la etiqueta “literatura” se les escapa de entre los dedos, como escurridizos hilos de agua, por los que huye el monopolio de su coto cerrado en busca de artísticos nuevos meandros con seis afinadas cuerdas de alambre. Woody Guthrie, Robert Johnson, Hank Williams, Bob Dylan, Pete Seeger, Johnny Cash, Springsteen, Tom Waits… folk, gospel, blues, country, rock and roll…  

Cuántos mares debe surcar una blanca paloma, antes de dormir en la arena / Cuántas veces deben volar las balas de cañón, antes de ser prohibidas para siempre. “Blowin in the wind”: Pura lírica en Re Mayor lanzada al viento, contribuciones notables a la humanidad, salvas de poesía que los cañones de Alfred Bernhard Nobel siempre habían anhelado disparar, soplando una armónica. 

Ilustración: La paloma de Picasso en Ucrania. Acrílico y grafito sobre tabla / 43 x 35 cm.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Al abordaje de Polaris


                                             
Toda Venecia es un reflejo en el agua, una acuática y sutil mancha de acuarela esbozada por el pincel de William Turner, el pintor de ardientes atardeceres oceánicos. Ciudad de hídricos cimientos, como un nenúfar, eternamente  cortejada por el mar, que a lo largo del tiempo siempre ha hipnotizado a los artistas. Hugo Eugenio Pratt se críó jugando al escondite con Neptuno entre las góndolas. Su vocación era inevitable,  igual que  el fluir de las mareas en Venecia. Un día de 1967 Melville le presta una astilla de la pata de palo de Ahab para que el dibujante la utilice de palillero, a continuación la plumilla se hunde en las profundidades del tintero para después, cargada de tinta,  empezar a realizar filigranas sobre el blanco virgen del espíritu del cachalote que Pratt intuye en la hoja de papel. Se inventa un pirata trotamundos con historietas de tebeo tatuadas en el pecho, romántico perseguidor de amores amotinados, un dandi perfumado de salitre. Hugo Pratt le bautiza Corto Maltés y desde ese momento empieza su peregrinaje común por el destino.

La carta marina de Corto Maltés describe los agitados mares de entreguerras del siglo pasado y con él, los lectores, son arrastrados por la corriente desde  Nueva Guinea a Yemen, las Antillas, Somalia o Afganistán persiguiendo el rastro de Long John Silver.

A Corto, le tutean las voluptuosas sirenas, acariciadas por el lápiz de Milo Manara, a espaldas de Neptuno. Están enamoradas de su sonrisa, una raya de tinta fina, espontanea, nervuda  y acogedora como la silueta de un islote esculpida sobre línea del horizonte para un naufrago, aprendida por Pratt de la técnica de Milton Caniff  y Will Eisner. Las patillas del marino apuntan hacia el suelo, parecen muletas con las que se ayuda el aro de pirata, cada vez que toca tierra, prendido de su oreja. Maltés es un figurín elegante, de levita y cuello duro con corbatín, que rima con bergantín, descrito con un rasgo firme de línea despejada y vigorosa, rubricada por volúmenes negros,  pesados y extensos, en los que es inevitable buscar la estrella Polaris, en la cola de la Osa Menor. La Estrella Polar.


 

domingo, 9 de septiembre de 2012

El afilalápiz del Aleph


                                            
Oh, Dios mío. No me hagas esto. Después de cincuenta mil dólares de psiquiatra, ¿tendré que marcar ahora el 112?


                                       Woody Allen, Maridos y mujeres.

¡No… Échale un vistazo a las viñetas de Quino!. Pienso yo que Dios podría responder. Si uno, claro está, resiste el vértigo del psicoanálisis, el viaje a las profundidades de los espejos dibujados  por los ochenta años de su plumilla desgastada y maestra, con línea perpleja y pareja del alambre de funambulista sin red. Quino, tan argentino como los psiquiatras y los psicólogos, zambulle nuestro cerebro en su tintero, del que luego salimos retratados y boqueando. Y nuestro Sistema.
Mafalda odia la sopa… y sus tropezones crujientes, tostados a fuego lento por las dictaduras. Quino odia a Mafalda, como Arthur Conan Doyle odiaba a Sherlock Holmes. Una y otra vez también ha intentado borrarla  en las cataratas de Reichenbach a manos de Moriarty. Pero nunca le hemos dejado. Necesitamos a su Mafalda, ahora más que nunca, necesitamos el oxígeno de su inocente sabiduría dibujada y ponernos en la cabeza el casco de su peculiar peinado para que nos proteja de las caídas, porque caminamos sobre el alambre, como funambulistas, y nos están quitando la red.






sábado, 14 de abril de 2012

El recuadro negro (homenaje a Mingote)


El recuadro negro, a Antonio le hubiese gustado mas fino, casi una línea delgada de alambre: el marco de una viñeta. Él no era partidario del negro ostentoso de las esquelas… De cualquier ostentación y punto.
Era, Antonio Mingote, un caballero a la antigua: generoso, justo, culto, atento, respetuoso, ecuánime, galante, paciente…sabio.  Ante la zafiedad que, como la carcoma, devora estos tiempos vertiginosamente mercenarios,  jamás abandonó su porte. “Yo me hice dibujante para no tener necesidad de hablar en público, solo dibujar” decía, pero Mingote, el editorialista gráfico, que no se acordaba de que también era Académico de la Lengua, tenía que hacerlo muy a menudo: premios, homenajes, cargos… eran su penitencia. Enfrentarse diariamente a la página en blanco le  había curtido en la humildad, se sentía minúsculo ante su inmensidad de hielo. Generosamente, a uno, a su lado, siempre le hacia sentirse importante: poco amigo de las instantáneas, solo presumo de las que tengo con él. Cuando en el escenario político había nuevos actores y en ese momento casualmente coincidíamos, a Gallego, mi socio, reconociéndole paternalmente el talento de su arte, siempre le apremiaba para que “sacara las nuevas caricaturas y así poder copiarlas”, nunca tuvo ojos de caricato, era incapaz de subrayar la imperfección ajena, de esbozar el dibujo de ningún hombre a una nariz pegado, si acaso solo así mismo pegado a la suya, que él reconocía superlativa. No tenía malicia. Tenía otras cosas en que fijarse. En una de sus viñetas más celebradas, Velázquez, el maestro pintor, mientras contempla a todos los personajes de “ Las Meninas” que le rodean tal y como aparecen en el cuadro, se dice así mismo: ¿a ver, que se me ocurre hoy?. Del mismo modo, Antonio solo tenia que dejarse llevar y con su trazo prodigioso empezar a describir geniales volutas de grafito sobre el papel virgen, vacío,  hambriento de su talento. Papel, lápiz, tinta y acuarela, no necesitaba otra cosa para realizar su milagro. Elegante y limpio, su dibujo resumía gestos con líneas seguras. Puntos cardinales de sus viñetas, los personajes, pendientes del soplo de vida de una idea, ensayaban  el triple salto a nuestras conciencias y cuando al Maestro se le encendía la bombilla, esa espada de Damocles que todos los viñetistas llevamos de sombrero, los “Mingotes” desde la sección de opinión de un periódico, pellizcaban nuestra alma.
La gran ola que deja el rastro de la quilla de los modernos  trasatlánticos, al navegar por los océanos punto com  y los ratones inalámbricos de sus bodegas de carga, que roen el papel a golpe de clics, convierten a el espíritu de las viejas maquinas de escribir, los tipógrafos, el lápiz, la tinta y la acuarela de los viñetistas, en un pecio nostálgico acostado en el limo. Las ediciones en papel de los periódicos languidecen,  huérfanos tal vez, quieran viajar a la eternidad con Antonio Mingote.
Umbral, su amigo, podría haber dicho: que sola se queda la grapa.
Tú no, Isabel, nos tienes a todos. Un beso

sábado, 29 de mayo de 2010

¡Cómo me pica la nariz!

En el parque de El Retiro, este día de contraluz dorado, Madrid, indolente, se da un baño de calor suave en la barriga entre los parterres, como las lagartijas que se desentumecen la cola invernada, en los improvisados soláriums verticales de las paredes de ladrillo.
Después de salir de su despacho de la Junta de Distrito, el concejal coge el camino más recto hacia El Retiro, la “jornada intensiva” le deja la tarde libre y le gusta desentumecerse después de toda una mañana de poltrona. Entra a los jardines por la Puerta del Paseo de Coches, con la nariz en guardia, erecta, suspicaz y maldiciendo su suerte, como todas las primaveras, por no ser un apéndice de madera, similar al mástil de Pinocho. El invierno ha sido lluvioso y ahora, en primavera, todo brota con ímpetu; los minúsculos plumeros de polen alfombran ingrávidos el aire y por el Paseo ya no se ven coches. Su sensible pituitaria lo detecta antes de sortear el primer recodo: ballenas blancas, hidalgos centenarios, robinsones, alatristes, matrioskas que salen de Ana Karenina, geografías mágicas delimitadas por Macondo y Vetusta, péndulos de Foucault, códigos Da Vinci, incipientes magos y poderosos anillos, costureras chinas, poetas en New York, hombres que son capaces de inventarse Manhattan, necios que se conjuran, esponjosas magdalenas que alimentan a Swann en su camino; ahuecan orgullosos sus paginas impresas y las despliegan como vanidosos pavos reales en los estantes de las casetas de la Feria del Libro, milagroso escaparate de cultura, que nos aleja de los monstruos de feria que salen todos los días por la tele. La alergia actúa como un resorte: balbuceos en la boca arrugando los labios y la nariz con el percutor preparado. El estornudo es inevitable. ¡Bang!. La cabeza se inclina hacia abajo, la barbilla se clava en el pecho y por la nariz, como una bala, sale disparado su cerebro, minúsculo como un moco, lleno de fiestas nacionales, Aguirres y Marianos. El concejal se recompone el tupe que, igual que una sonrisa de Smile invertida, abraza la calva de oreja a oreja en una arquitectura milagrosa, hambrienta de crecepelo; se agacha, recoge su cerebro del suelo y lo “esnifa” con un billete de diez. Con el moco otra vez en su sitio, piensa: por qué él no tendrá alergia al polen, como todo el mundo.
Ilustración: Forges

sábado, 24 de abril de 2010

Beatos-anuncio

Las sotanas de la Conferencia Episcopal se han aupado rápido al púlpito para defender el uso de hiyab islámico en las escuelas. Corporativistas.
Crucifijos, hiyabs, kipás: símbolos estentóreos de una fe que debería ser íntima y recatada. Los anuncios petulantes de una comunión se convierten en declaración política, con propósitos de abducción y siempre persiguen obtener el control único y absoluto sobre el rebaño. Opio.
Ilustración: Gallego & Rey en El Mundo

miércoles, 14 de abril de 2010




Mientras que con la mano izquierda se hace pajas mentales, Zp manda con la derecha. Ambidiestro ideológico. Lo último abaratar el despido, propone rebajar los cuarenta y cinco días por año trabajado a treinta y tres. Además el estado (los contribuyentes), pagaría ocho de los treinta y tres. Título: El gobierno socialista propone abaratar el despido de cuarenta y cinco días trabajados a veinticinco, ¡por el culo te la hinco!. Antetítulo: La patronal se hace del clan de la ceja. Subtítulo: El PP, acusa al gobierno de plagio ante la SGAE.
Los sindicatos, mientras tanto, recuerdan como se levanta el puño, en un acto solidario con el juez Garzón: que no parezca que no son de izquierdas. También un superfassion director de cine, en el mismo acto, maquilla sus ademanes inquisitoriales fascistas, de skinhead de cresta plateada, contra los periodistas críticos que no salivan con sus "modernas genialidades cinematográficas".
En las fosas de la memoria histórica, la lucha obrera es otro cadáver.

Ilustración: Gallego & Rey en El Mundo

sábado, 10 de abril de 2010

La charCUTREría

Los chorizos, expuestos en los anaqueles de la charcutrería, no dejan de sudar como cerdos. ¡Lo llevan en la sangre!. Todos sus esqueletos cilíndricos, de matanza y pimentón, escupen en los estantes grumos de grasa cutre, espesos, encarnados y brillantes, que terminan charqueando en el suelo. Cada vez que el charcutrero se mueve detrás del mostrador, con ademán de ir a por un cuchillo, sus zapatos resbalan en los lapos grasientos. Tiene que sujetarse fuerte, con las dos manos, al mármol blanco con motas de grasa, que recuerda la piel de porcelana de un perro dálmata de Lladró. Con un gesto distraído se acaricia el mentón de Popeye gallego, meditando si no tendría que poner su barba, que la mano sucia le ha teñido de púrpura, a remojar. En lugar de eso esconde la cabeza bajo el ala de la gaviota, que decora el escaparate de la charcutrería, y se apunta mentalmente: mañana sin falta voy a que me vean los niveles de colesterol, porque, con tanto chorizo, seguro que lo tengo por las nubes.

Ilustración: Julio Rey

viernes, 12 de marzo de 2010

Tsion

A Paz, el corazón se le derrama en lágrimas felices por las mejillas. Llora, mientras contempla, en la pantalla del ordenador, la foto de su hija que hace nada ha recibido por mail desde Etiopía. Y Javier, de pie a su espalda, la aparta el pelo largo y negro y la besa el cuello, tierno, emocionado.
Tsion tiene tres meses y sus ojos grandes nos miran desde la foto en blanco y negro, profundos y hambrientos de cariño. Etíopes. La abandonaron a merced del polvo árido y rojo con el cordón umbilical todavía ávido de placenta, alguien la recogió y la cruzo en el destino de Paz y Javier.

Por favor amigos, cuando vayáis a por ella, llevadla, envuelto con estas cuatro letras, uno de mis besos, el más fuerte.

domingo, 14 de febrero de 2010

El Hombre Bobo

Hoy, con suerte, vendrán a reparar el jodio ascensor. Mientras se apretaba el nudo mal hecho de la corbata amarilla con barquitos veleros azules y se ponía el reloj digital de pulsera, bajando las escaleras y maldiciendo, ya casi no se acordaba de la pesadilla que le había hecho dormir mal esa noche, afortunadamente. Fuera, en la calle, su silueta dibujada sobre los adoquines, que el sol empieza a estirar delante de él, se une a un raudal de sombras, pegadas a los zapatos de otros tantos hombres y mujeres sin sonrisa. Se dirigen a la boca del Metro, que como una tronera de billar se abre en una esquina, tres calles más abajo. Las estaciones se suceden mientras los hombres y mujeres, ahora sin su sombra, solo con su rutina, dormitan o leen noticias deprimentes en periódicos gratuitos que luego abandonan en el asiento o tiran en el andén; tres cuartos de hora más tarde, mientras se suceden los kilométricos pasillos que poco a poco le devuelven a la superficie, el hombre se recoloca el nudo de la corbata y empieza a sacar del maletín la tarjeta de fichar.
El día se consume en el reloj digital. Ha calentado ya bastante su asiento. Camino del Metro va guardando otra vez la tarjeta de fichar. Pasillo tras pasillo, el autómata deshace lo andado y se afloja el maltrecho nudo de la corbata, su mano se pasea por la barba de la mejilla que, después de todo un día, vuelve a ser áspera ; no queda ni rasto del Varón Dandy, se volatilizo al mediodía en el bar de comidas, haciendo el 69 con el olor a calamares en el aire, y luego juntos se volvieron a pegar, como alquitrán, a su chaqueta, su camisa y su corbata.
Pero después de haberse subido los siete pisos, escalón a escalón, al ir metiendo la llave en la cerradura de su casa, se reconoce feliz. Ahora algo de famoseo en la tele mientras cena, tal vez unas chistorras fritas en su grasa, con un par de huevos y la Patiño, luego a la cama, ventajas de estar separado. Nada de ponerse a leer que eso le afecta a la digestión y termina con pesadillas. ¡Clic!, enciende la luz de la lamparita de la mesilla de noche y, sin incorporarse de la cama, junta piadoso las manos sobre el pecho.

-¡Casi se me olvidan mis oraciones!.
La luna llena se abre paso entre las nubes como un disco de radial, es tan blanca que parece de cocaína pura y no solo los asesinos están inquietos. El autómata empieza a revolverse en la cama, la culpa no es de las chistorras, su cuerpo empieza a sentir sensaciones nuevas y extrañas: nota como la sangre fluye como un torrente por las venas y en cada sístole y diástole su organismo empieza a ser distinto. La cara se le ha estirado y los ojos parecen salirse de sus cuencas. Ya ha dejado de pensar y el instinto suple al raciocinio. Es la “farlopa” de la luna. De repente su cuerpo ya no le obedece y con un espasmo se pone a cuatro patas y salta al suelo. Frente al espejo del ropero no se reconoce, del pijama solo quedan jirones y de la cabeza a los ijares le ha salido una espesa barba rizada. Rápidamente todo su cuerpo se ha cubierto de tirabuzones blancos y siente mucho calor. Un impulso irresistible le hace levantar la cabeza y mirar a la luna, tensando los músculos de la espalda un grito primitivo se abre paso hasta la garganta.
-¡¡¡¡¡¡¡BEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!!!!!!!!.
El Hombre Oveja, sin saber como, se siente feliz mientras, a saltos, llega hasta un parque próximo en el que solo ronca un borracho, estirado en un banco como un cadáver, cubierto con bolsas grandes de El Corte Ingles. La hierba empieza a estar bañada por el rocío pero ¡es tan apetitosa!.
El amanecer le sorprende rumiando unas últimas briznas de hierba. Tirita.
Desnudo corre hacia su casa ante las miradas atónitas de un grupo de barrenderos, escala, todavía a cuatro manos, los escalones de los siete pisos y entra rápido en su casa por la puerta que inexplicablemente está abierta .

Poco a poco, con las últimas volutas de la monstruosa transformación haciendo piruetas en su cerebro, el hombre vuelve a ser el de siempre. Gris
Ilustración: Cazador de Lucas

sábado, 23 de enero de 2010

Escala siete

La pasta de dientes se cotiza por las nubes en el mercado negro de Puerto Príncipe. El hedor de la putrefacción se agarra con ganchos afilados del aire y el dentífrico, sellando las fosas nasales, hace de ambientador mentolado. El supermercado de los carroñeros del estraperlo siempre tiene de todo: dentífrico de distintos olores, de menta, fresa, de anís, pan, leche, carne fresca, enlatada, drogas, medicamentos...hasta gangas huérfanas, de piel oscura y ojos tristes, raptadas de los hospitales para aprovisionar el mercado de las adopciones. Estados Unidos, la Unión Europea.. toda la maquinaria solidaria de mala conciencia se ha puesto otra vez en marcha y las ruinas de Haití se han convertido, desde hace unos temblores, en magnifico decorado de fondo para las conexiones de los informativos de la hipocresía.

Reproduzco un artículo, enviado por el corresponsal de El Mundo, que ha sorprendido por su alarde de sinceridad.

Periodistas...¿o niños de papá?
Jacobo G. García/ Puerto Príncipe

¿Se puede llegar a un terremoto con maleta de ruedas? Sí.
¿Puede una revista que dedica su última portada a los maquillajes más sorprendentes y a las joyas que vienen para este año enviar a un periodista para la cobertura? Sí.
¿Puede llegar alguien a la zona más devastada del planeta sin agua, comida ni un teléfono en condiciones? Sí.
¿Puede la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo) llevar a más de veinte periodistas dentro de un avión de emergencias? Sí.
¿Puede un periodista ponerse a llorar cagado de miedo nada más poner un pie en Puerto Príncipe al verse rodeado de negros? Sí, y ¿puede el ministro de Exteriores buscarles casa a todos los periodistas para que trabajen con "plena seguridad" cuando sólo ayer hubo tres réplicas y ni la policía ha sido capaz hasta ahora de tomar el control de las calles? Sí, y no sólo eso si no que Juan Pablo De Laiglesia, secretario de Estado para Iberoamerica, tuvo que perder un día entero en cumplir la orden del ministro, en medio de un desastre de estas dimensiones. Y además de todo eso incluyan ustedes a una estrella de la televisión nacional convertida en la mayor mosca cojonera de cuantos han pasado por ahí.
El jueves por la noche, junto a muchos otros informadores de todo el mundo, llegó la orden de los marines de EEUU para que la prensa abandonara las instalaciones del aeropuerto de Puerto Príncipe, que los periodistas habían tomado como base de operaciones para realizar su trabajo. En los últimos días en el aeropuerto desembarcaron miles de efectivos estadounidenses cargados hasta los dientes, los aviones militares aterrizaban cada pocos minutos y el material de emergencia corría de forma frenética por la pista pero paseando alegremente en medio de ese desmadre aparece siempre algún periodista. Y fumando.
¿En algún aeropuerto del mundo alguien permitiría una situación así? Pues aquí en Puerto Príncipe así sucedía hasta el jueves. Hasta que fueron expulsados del aeropuerto. Pero no sólo la prensa española sino los periodistas de medio mundo como era lógico.
Pero los periodistas no tienen toda la culpa no, si no que la tiene un paternalismo estúpido que hace que un señor de Moncloa tenga que aterrizar para ver si estamos bien. Aquí no hay desabastecimiento y la comida se puede comprar perfectamente en las calles, eso sí a precios disparatados aunque perfectamente asumibles para un señor que paga en euros. Así que no hay necesidad de ir a robar por la noche (sí, robar por la noche) la comida traída desde España para los equipos de rescate. Tampoco hay violencia, salvo saqueos puntuales, lógicos en estas circunstancias y la electricidad no se ha ido nunca. Pero no, muchos periodistas preferían vivir bajo el cobijo de la gallina De la AECID antes que enfrentarse solos a una ciudad destrozada de la desconocen todo.

Ilustración: El Roto en El País

domingo, 10 de enero de 2010




Unos okupas, que habían ocupado un edificio en Madrid como acto de protesta contra la especulación, han sido desalojados por la policía siguiendo las instrucciones de un juez. Resulta paradójico que el dueño del edificio, procesado por trafico de influencias, uso de información privilegiada en el municipio de Alcorcón y por supuestas irregularidades en la modificación parcial del plan urbanístico de Boadilla del Monte, sea al que proteja la ley.
¡REGENERAR EL SISTEMA!, decían no hace nada, cuando las costuras de ceros de las Bolsas se deshilaban. ¿Y?.
El discurso político, instalado como esta en la mediocridad profesional, es incapaz de aportar soluciones a la desidia moral; los dirigentes se auto abastecen y perpetúan con su desparpajo mitinero para bobos. Los santones de la economía, señalando las líneas saltimbanquis de sus gráficos, predicen bonanzas solo para sus bolsillos. Entre tanto, las televisiones mantienen al personal con las neuronas extra planas y de alta indefinición y solo se las dejan utilizar para descifrar las instrucciones de montaje de los sillonball de Ikea.
La solución ya no sabe ser política, ni económica.
Tal vez los movimientos antisistema intuyen una salida. Se organizan, intuitivos, a golpe de impulsos sensibles, sentimentales, vitales... humanos. La solución germina en la filosofía.

Los okupas del Patio Maravillas, desalojados en Madrid de la calle del Acuerdo, se han trasladado y han okupado otro en la calle del Pez, 21.

Ilustración: Graffiti de San en Cordoba en 2008

jueves, 7 de enero de 2010

En la entrada anterior, El GPS de Lorca, se me ocurría que los hoyos que han dejado las máquinas excavadoras al buscar la calavera perdida de Federico García, no tendrían porque quedarse abiertos y vacíos, estériles, y podrían utilizarse como mausoleos de la impudicia de los que nos mandan y así honrar el recuerdo del poeta de la utopía.
No contento con imaginar semejante simpleza, vuelvo a disparatar, sentado delante del televisor, al comprobar como, siempre, la realidad supera a la ficción y el escáner de ciencia ficción de Desafío Total de Paul Verhoeven se hace real en el aeropuerto de Ámsterdam. En Holanda, ya no se mira a través del iris genial de Rembrandt. La niña de sus ojos es ahora una maquina que desnuda. Me da por pensar que por el monitor de esos súper securatas tecnológicos, que no tardaran también en poblar todos los aeropuertos de medio mundo, todos tendremos que pasar tarde o temprano con los brazos en alto y por fin se le podrán ver las pelotas en azul, como las de los personajes de Avatar, a los impúdicos. Al Rey, cuando pase por el escáner, se le fiscalizarán sus cuentas; al Papa, sus pecados ambrosianos y muchos de sus pronuncios no podrán, desnudados por el rayo X, disimular sus intempestivas erecciones pederastas; y los poderosos escualos de las cuentas de resultados no tendrán, obscultados por la maquina, dobles fondos donde ocultar su botín; las grapas quirúrgicas de las últimas maniobras fascistoides de Berlusconi dispararán las alarmas; por el contrario, el Presidente de la Comunidad Valenciana estará encantado de salir en bolas en el monitor, para que no se le vean las costuras a su elegante traje de Milano...
Por si alguien se lo pregunta, los terroristas de mente enferma, pistola y explosivos pueden, según los expertos en seguridad, estar tranquilos y continuar destruyendo torres gemelas y trenes con su fanática impunidad, porque la eficacia del voyeur gubernamental holandés al cachearlos es dudosa.
¡Imagino cada gilípollez!. Estoy obsesionado con los vicios públicos, siempre me vienen a la cabeza los mismos, los de siempre. ¿Tendría que dejar de masticar noticias?.
También puede ser que, en la pantalla azul del escáner, mi cerebro no salga más grande que el de Homer Simpson.

domingo, 20 de diciembre de 2009

El GPS de Lorca

Las uñas de acero de los bulldozers han dejado de arañar las taraceas en el aire de los poemas de Federico García Lorca. En Alfacar solo han encontrado las volutas, estancadas en el tiempo, del humo de los disparos vomitados por los cañones de los fusiles fascistas asesinos. Solo eso
En el barranco de la memoria, esta noche helada, solo la tierra del fondo de los hoyos, despertada por los dedos mecánicos, ha contemplado la luna, y el sol madrugador, al templar las nubes de diciembre, arroja sombras reptantes, como culebras, sobre las fosas abiertas, sorprendidas y vacías. Con legañas.
Podrían dejarlas abiertas, receptivas. Se aprovecharían las escavadoras para volcar sobre su vientre de barro todo lo violento, lo miserable, lo falaz, lo hipócrita, lo vulgar... Lo que nos sobra. Que lo engullieran y así tendrían la posibilidad de ser útiles, de cobrar sentido, realizarse como fosas asépticas. Cumbres vacías contra el cambio climático, yes we can contaminar; España y Francia llevando a el sátrapa marroquí, mano sobre mano, “a la sillita de la reina”; el seis y “la Cuatro”: la cara remendada del retrato de Berlusconi; La Aguirre soldando, con vendas tejidas con los hilos de crispación de sus calcetines, las costillas fracturadas de su lacayo; los mocos de la nariz “nueva” de Belén Esteban pulverizando audiencias... Y luego, cuando las fosas estuvieran llenas, aprovechadas, sellarlas con hormigón, esperar que fragüe y después cincelar encima, como una plegaria contra lo que daña, una rima del poeta.
Entonces, habremos situado el lugar exacto en el que descansan los restos éticos del poeta y la luna podrá por fin señalarlo en los GPS, bordándolo con un mojón de plata.


Ilustración: Gallego & Rey en Semana

domingo, 6 de diciembre de 2009

Amén

Desazonado al saber de buena tinta que se acerca el momento en que le descolgarán para siempre de su sitio en la pared*, justo encima de la pizarra verde, desde donde ha impuesto durante incontables años cómodamente su doctrina, el Mesías, con un suspiro de alivio, piensa: ¡mientras no me corten el minarete!

*La Comisión de Educación del Congreso aprobó una proposición no de ley, solicitando que el Gobierno traslade al ordenamiento jurídico interno las disposiciones de una reciente sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo que da la razón a un padre italiano que reclamaba la retirada de los crucifijos en un colegio público. La sentencia estima que “el crucifijo en la escuela pública supone una violación de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones y de la libertad de religión de los alumnos”. Esta sentencia ha venido a recordar que, en España, el mandato de aconfesionalidad de la Constitución de 1978 sigue sin ser cumplido. Los crucifijos siguen también presentes en las ceremonias oficiales como las tomas de posesión de los altos cargos.
Zapatero, asustado por el posible efecto negativo de la controversia, ha optado por rectificar la posición de su partido y quitarse el “marrón” de encima arguyendo que “en estos momentos tenemos problemas más importantes”.

viernes, 23 de octubre de 2009

La garganta de las Termópilas
















Ése día, en el momento en que sonó el teléfono tenía la garganta de lija.
Remataba los últimos sorbos de descafeinado al mismo tiempo que me enfrentaba a la lectura de los dos periódicos que siempre destripo por la mañana. “El asesinato de un general dispara la tensión en Pakistán”. “La ONU alerta sobre el efecto devastador del opio afgano”. “Chávez militariza por decreto a los venezolanos”. “30 muertos en un ataque contra el presidente en Somalia. “La batalla por Caja Madrid reabre la guerra interna de poder en el PP”. “Pujol favoreció a 28 empresas que financiaron su partido”. “Camps se burla del caso Gürtel”. “La izquierda espera unos gestos fiscales del gobierno del PSOE”. “El lío del pirata que sigue creciendo”. “La jueza encarcela al cerebro de la trama de El Ejido”. “Incluso tú te quedaras paralizado. Nueva edición limitada Freelander. Por solo 29.300 €”. “La caja gana 1.410 millones de euros en septiembre”. “Aguirre sugiere detectar corruptos preguntándoles por sus vacaciones”. “El consistorio presenta el enésimo plan contra la contaminación”. “Gallardón dibuja un plan de mejora del aire sin concretar medidas”. “El violador del búho es un psicópata sexual”. “Un cumpleaños que no te hacía ni fu ni fa, ahora te hará decir ¡AH!*. * Por favor, leer el ¡AH! Tarareando la canción de Carrefour”. “Nuevo Peugot 207. Rejuvenécete desde 9.200€”. “Feroz resistencia al aborto legal en América Latina”. “El fiscal acusa al juez Ferrín Calamita de prevaricación”. “La lista de espera quirúrgica se estanca en más de setenta días”. “Indemnización de 1,7 millones a 15 empleados intoxicados por amianto”. “2.700 científicos reclaman más atención para la I+D”. “Ritmo caribeño con veneno homófobo”. “240 millones después, brilla Raúl”. “Munar adjudicó proyectos por 5,5 millones a socios de sus altos carg...
El teléfono evitó que el segundo periódico me siguiera vomitando titulares. Era mi cuñada. Al oírme carraspear se temió que, siendo yo “grupo de riesgo”, ya hubiera cogido la “gripe A”.
¿No te habrás resfriado?.
Ne-ga-ti-vo. Le dije con la voz entrecortada por la aspereza en la faringe. Parecía como si un ejercito de hormigas rojas mordisquearan mi gollete. Toda una noche de abrasivos ronquidos pasan factura. Roaaaaaaar.
¿Y la garganta?.
Me has cogido repasando la prensa y con lo que estoy leyendo, tengo atrancado el tragadero porque se me han puesto de corbata.
Ilustraciones: Gallego & Rey en El Mundo

lunes, 5 de octubre de 2009

Ya no alumbran las luciérnagas. Las postizas luces de neón las extinguen; el macho, con el fulgor estentóreo de las ciudades, no distingue a las hembras y su ceremonia vital no se consuma. Off.
Nuestro depredador progreso de filamentos incandescentes, todo músculo rebosante de voltaje con esteroides, no consiente competencia y del verde fluorescente de las luciérnagas solo quedaran exiguas rimas subrayadas de algún poeta.
El firmamento nocturno de las cunetas se tornara lóbrego. La ciencia habrá descifrado el enigma de los agujeros negros.

martes, 21 de julio de 2009

Moonwalk

Cuarenta años después de que Neil Armstrong plantara sus huellas en su superficie, como si fuera el Paseo de la Fama de Los Ángeles, la luna sigue observándonos. Boquiabierta.
Los pequeños pasos para el hombre, son grandes para la humanidad... Y de crustáceo, hacia atrás. Ante las pupilas de polvo gris ceniza de los ojos atónitos de la luna, desfilan de espaldas, orientándose con la visual del ojo del culo, los impresentables. Dictadores; terroristas; Ayatolás; Papas, Cardenales, Obispos; pederastas; violadores; maltratadores; narcotraficantes; Reyes; mafiosos Cavalieris puteros; mediocres políticos corruptos; avaros banqueros insaciables; oscuros financieros; especuladores; revólveres sicarios; pandilleros; periodistas mercenarios... ya están ávidos por clavar su bandera negra, de tibias cruzadas, en Marte.

Y los demás, los que no contamos, continuaremos conformándonos con seguir, con la cara levantada, aullándole a la luna.

Ilustración: Máximo en El Virus Mutante

miércoles, 8 de julio de 2009

En los áridos lacrimales de sus ojos se sacuden el polvo las moscas. Se llama Eyob, tiene cinco años y el tren del anhelo hace dos años que ha pasado de largo. Impasible.
En Etiopía solo es posible adoptar un niño hasta que cumple los tres años, Eyob no ha tenido suerte y su destino se resquebraja como la tierra seca, agrietado por la hambruna o el VIH. Ahora solo tendría una oportunidad si las potencias desarrolladas volvieran hacia África sus ojos inflamados de avaricia con generosidad. Etiopía, utopía.
Fasika, Meseret, , Abity , Bekele, Abulakim, Nesanet, Ashenafi, Beza, Hana, Abush, Hawi, Zway, Henar, Tariku, Edilawit, Lidet, Ayana, Gadissa, Mesfin, Adise, Misgana, Mikiyas, Nunyat, Misikir, Samrawit, Adisalem, Solomon, Aberham, Selam, Tadelech, Angadi, Tegegn, Abay, Tigist, Yabsira, Ianua, Bekam, Misrake... Condenados que aún no han cumplido los tres años, esperan un tren sin saberlo, como lo esperaba Eyob.
Paz y Javier, igual que otros muchos, viven pendientes de una llamada. Ya les han dado la oportunidad de salvar a un niño. Aún no saben si será hembra o varón, si será un recién nacido o tendrá ya cumplidos los tres años de alambre de espino fronterizo que le asoma al abismo. Cada vez que suena el teléfono el corazón de Paz se desborda en Adís Abeba. En septiembre podrán conocerle o conocerla por foto, luego tendrán que hacer un largo viaje, que se hará eterno para su impaciencia y al final de una semana en la que tienen “tajantemente prohibido” salir del hotel, desde cuyas ventanas con rejas de cristal aislante distinguirán el horizonte del hambre, volverán apretando la manita oscura de su hijo.
Paz y Javier quieren pensar que no tendrán que enfrentarse con el racismo, que aquí no clasificamos por colores, que su hijo crecerá como un ser humano con derechos universales y que llegado el momento, uniendo sus dedos con los suyos, señalarán Etiopía en el mapa, donde un día de octubre, años atrás, su hijo no perdió un tren.


Foto: Eric Lafforgue

domingo, 17 de mayo de 2009

Llamando a las puertas del cielo

El aire fresco sin olor a azahar de la madrugada en Madrid se cuela por la ventana entreabierta de la habitación. No duermo. Mis dos compañeros si; el murmullo de actividad del hall de las enfermeras que tenemos en frente no les afecta. Uno ronca, es el más “veterano”, lleva una herida abierta en el pecho de un rechazo como un galón entorchado; todos los días se lo limpian y él, experto de su dolor, le dice a la auxiliar de enfermería como tiene que hacerlo para que la aguja hipodérmica con que le hurga en la llaga no le haga derrochar una lágrima, que es valiosa, mejor con un catéter fino de plástico, como se lo hicieron otra vez; se llama Mariano y todo el personal le saluda por su nombre, alguien le deja El Marca todos los días antes del desayuno y él, para agradecerlo, en otro de los pinchazos, el que le tatúa la barriga de puntos púrpura, no se queja. Para que el “bolsillo” abierto del pecho no se infecte, a Mariano le pinchan muchas veces; uno de los medicamentos es tan fuerte que le ha corroído una vena. Como si le hubiesen inyectado liquido de batería. Pero para él, todo ese sufrimiento no es comparable, ni de lejos, con el suplicio de tener que comerse el muslo cocido de pollo sin sal, que inevitablemente nos ponen en la comida o en la cena, por ahí no pasa y lo deja siempre entero, flotando inerte y solitario en la salsa incolora como una isla sin palmeras, inhóspita.
De repente el silencio intranquilo de la noche en la planta se rompe, las enfermeras y auxiliares salen corriendo. Ha saltado una alarma.
El sol, que aun sigue siendo de campo, madrugador tiñe de oxido rojizo la fachada que mira a levante del Marañon. La luz dorada se cuela entre las lamas de la persiana y decora con rayas mi pijama azul. La primera píldora del día me despierta. Antonio, mi otro compañero aun duerme, hoy visita el quirófano. Una espada de Damocles le acompaña desde hace demasiado; tiene “arritmias” y en cualquier momento le puede sobrevenir “la muerte súbita”, es joven y ese peso no le ha borrado la sonrisa de cara, cuenta chistes. Ya le operaron hace once años pero no consiguieron dar con la micro vena que dispara el cortocircuito, hoy vuelven a intentarlo y los cirujanos confían en conseguirlo gracias los enormes avances tecnológicos. Pienso en “El viaje alucinante” de Asimov. Le van a meter un catéter por la femoral en la ingle, va a “viajar” por la arteria atravesando la estepa del pecho hasta el corazón y allí quemaran el “velo” que obstruye la vena. Pero antes tendrán que encontrarla y para eso trazarán un “atlas” interior en 3D de su corazón, gracias a otro catéter que le meterán por la otra ingle y ¡solo con anestesia local!. No hace mucho solo había una manera de intentarlo: a “corazón abierto”. Mariano y yo levantamos hacia arriba los pulgares cuando se lo llevan y Antonio nos sonríe. Mientras se llevan la bandeja del desayuno me fijo en Mariano, todavía tiene aplastado el pelo de la coronilla por la almohada, como yo y todos los enfermos ingresados que despacio andan y desandan el pasillo verde, salvo los calvos; agarrado a la “farola” del suero a Mariano se le ve triste, cuando se cruza con mi mirada, sale de su melancolía y habla despacio.
- Anoche se murió mi “coleguita”, dormía y no se entero del infarto. Le habían cambiado de habitación, antes ocupó tu misma cama y era feliz junto a la ventana - Mariano volvió a su melancolía y esa valiosa lágrima que atesoraba en las punzantes curas esmerilo sus ojos.
Esperábamos que Antonio estaría fuera siete u ocho horas, pero no habían transcurrido cuatro cuando lo trajeron. Por fin le habían quitado la espada de Damocles de la cabeza.
Otra noche. Al otro lado de la ventana, la oscuridad duerme arrullada por el murmullo soterrado de la ciudad. Azabache. Y sin mas un milagro. Desde la entrada de urgencias, que está justo debajo, un gitano le regala al silencio un bulería, rápidamente otros le jalean dando palmas, no debieron de tardar mucho los “seguratas” en mandarlos callar, porque de improviso volvió el silencio. Plomizo. Pero a mi, en mi cama de la planta de “coronaria” esos pocos compases me han dado la vida.
A mi esposa Soledad.


P.S. He tenido un infarto de miocardio. Estuve ingresado dos días en la U.C.I. y otros dos en “planta” y en estos cuatro días he podido sentir el cariño y dedicación total y generosa con el que todo el personal del Hospital Universitario Gregorio Marañon de Madrid, limpiadoras, celadores, auxiliares de enfermería, enfermeras y enfermeros, médicos y cirujanos tratan a los que allí ingresamos, sin distinción de clases.
Por eso los intentos de Esperanza Aguirre, Presidenta de la Comunidad de Madrid, de privatizar mediante métodos espurios y torticeros la Sanidad Pública la ponen en evidencia y, en lo que a mi respecta, la descalifican como servidora pública.

Yo tenía obstruida la arteria coronaria derecha, no podía ser otra. Mi corazón no puede negar que es de izquierdas.