domingo, 8 de febrero de 2009

Off

Ojalá que yo hubiera podido ser también el que liberó de su cepo el cuerpo vacío de Eluana. Después habría dejado que los oboes del Adagio de la Serenata K. 361 de Mozart borrasen de las paredes de la habitación del hospital en la que ha vegetado diecisiete años el eco del "bip" métrico de la maquina.
Al paso de los hipócritas Cardenales bajo palio escupiré en el suelo y espero que tras los apóstoles de la superchería, asome también su sicario de sonrisa de tiburón operado besando por donde pisen.
Eluana, descansa en paz.

Ilustración: Antoni Tàpies. Cos y filferros (Cuerpo y alambre). 1996. Pintura y ensamblaje sobre madera