sábado, 24 de abril de 2010

Beatos-anuncio

Las sotanas de la Conferencia Episcopal, se han aupado rápido al púlpito para defender el uso de hiyab islámico en las escuelas. Corporativistas.
Crucifijos, hiyabs, kipás: símbolos estentóreos de una fe que debería ser íntima y recatada. Los anuncios petulantes de una comunión se convierten en declaración política, con propósitos de abducción y siempre persiguen obtener el control único y absoluto sobre el rebaño. Opio.
Ilustración: Gallego & Rey en El Mundo

miércoles, 14 de abril de 2010




Mientras que con la mano izquierda se hace pajas mentales, Zp manda con la derecha. Ambidiestro ideológico. Lo último abaratar el despido, propone rebajar los cuarenta y cinco días por año trabajado a treinta y tres. Además el estado (los contribuyentes), pagaría ocho de los treinta y tres. Título: El gobierno socialista propone abaratar el despido de cuarenta y cinco días trabajados a veinticinco, ¡por el culo te la hinco!. Antetítulo: La patronal se hace del clan de la ceja. Subtítulo: El PP, acusa al gobierno de plagio ante la SGAE.
Los sindicatos, mientras tanto, recuerdan como se levanta el puño, en un acto solidario con el juez Garzón: que no parezca que no son de izquierdas. También un superfassion director de cine, en el mismo acto, maquilla sus ademanes inquisitoriales fascistas, de skinhead de cresta plateada, contra los periodistas críticos que no salivan con sus "modernas genialidades cinematográficas".
En las fosas de la memoria histórica, la lucha obrera es otro cadáver.

Ilustración: Gallego & Rey en El Mundo

sábado, 10 de abril de 2010

La charCUTREría

Los chorizos, expuestos en los anaqueles de la charcutrería, no dejan de sudar como cerdos. ¡Lo llevan en la sangre!. Todos sus esqueletos cilíndricos, de matanza y pimentón, escupen en los estantes grumos de grasa cutre, espesos, encarnados y brillantes, que terminan charqueando en el suelo. Cada vez que el charcutrero se mueve detrás del mostrador, con ademán de ir a por un cuchillo, sus zapatos resbalan en los lapos grasientos. Tiene que sujetarse fuerte, con las dos manos, al mármol blanco con motas de grasa, que recuerda la piel de porcelana de un perro dálmata de Lladró. Con un gesto distraído se acaricia el mentón de Popeye gallego, meditando si no tendría que poner su barba, que la mano sucia le ha teñido de púrpura, a remojar. En lugar de eso esconde la cabeza bajo el ala de la gaviota, que decora el escaparate de la charcutrería, y se apunta mentalmente: mañana sin falta voy a que me vean los niveles de colesterol, porque, con tanto chorizo, seguro que lo tengo por las nubes.

Ilustración: Julio Rey